No es propio del amor la aventura; ésta es solo un egoísmo profundo disfrazado de amor.
P. Daniel
Escobar B, msp
Las
producciones cinematográficas, canciones, vídeos, y las nuevas
generaciones de la sociedad tienen propuestas evidentes sobre «nuevas formas»
de relaciones entre parejas, llamadas «ACD» o «amigos con derechos».
Hoy se
proponen parámetros informales y fáciles para tener
una relación sin compromiso entre un hombre o mujer o, en su defecto,
en otras formas de convivencia ajenas a las relaciones naturales.
¿Cómo se
propone esta relación? Teniendo encuentros sexuales
pasajeros, sin compromisos, «sin ataduras emocionales», sin relaciones a largo
plazo.
¿Se puede
llamar relación verdadera y autentica a los ACD? La respuesta es
«no», pues una verdadera relación entre hombre y mujer está básada en
los siguientes aspectos:
La persona. Si éste es un elemento esencial a
la relación entre hombre y mujer, entonces no puedo engañar, jugar,
ofender, aprovecharme, aplastar una realidad que no me pertenece y por ello no
puedo hacer uso y desuso cuando quiera. Por ser personas, cada uno debe tener
en cuenta su dignidad y respetar la del otro. Si no hay esto minimamente,
entones es falsa la relación e incongruente con nuestro ser.
El amor. Lo que es propio del amor es un compromiso
total y responsable. Si entre dos personas nunca se da este acto de entrega
mutua y total de amor entre ellos, todo se vuelve
pasajero, volátil e inútil. No es propio del amor la aventura; ésta es solo un egoísmo profundo disfrazado de amor.
La verdad. Lo más importante en
una relación es mirarse a los ojos, es decir, hablar siempre con la
verdad. Ésto hace una relación libre y duradera. Las relaciones que
no se cimientan en la verdad siempre serán falsificaciones del amor.
Alguien que nos ama no juega con nosotros, y el que pronuncia una palabra de
tal peso siempre debe decirla con sinceridad y honestidad,
no engañándose ni engañando.
La afectividad. Esta parte constitutiva de
una relación implica que se tenga presente que la vida se nos da como
regalo, por lo tanto no es una autoposesión arbitraria ni un juego. El que ama,
ama la vida y por tanto a cada persona. La patria de los afectos es
el corazón de cada uno, y este tiene que ensancharse y sensibilizarse
porque nos lleva a apreciar lo mas valioso de cada persona. Las relaciones
aparentemente buenas del hombre o la mujer que no tienen afectos profundos son
una vil caricatura.
El bien. Dos personas coherentes con su razón de ser que
quieren amarse, hablar con la verdad y desarrollar afectos mutuos, se provocan
mutuamente un gran bien; en cambio, las que no se respetan como personas, las
que aplastan su dignidad, las que no se dicen la verdad, las que no se aman,
acaban por enfermarse y destruirse hasta llegar al vacío. Por eso, «no
hagas a nadie lo que no quieres que te hagan».
La palabra de Dios
nos da pautas muy ricas para discernir como podemos evitar todo abuso hacia el
otro y esto a partir de una luces insustituibles: no vivir según los
criterios de este mundo, exhortando a «cambiar nuestra manera de pensar para
que así cambie nuestra manera de vivir» (Rom 12, 1-2); tener una
conducta pura y reverente ante Dios, «porque lo mejor de una persona se
encuentra en lo íntimo de su corazón, y en la belleza incorruptible de
une espíritu suave y tranquilo. Esta belleza vale mucho más delante
de Dios» (1 Pe 2-4); lo propio del amor es aprender a esperar, no ser grosero,
ni egoísta. Si una persona te ama no abusa de ti, ni precipita
su relación, ni juega contigo. «Tener amor es sufrirlo todo, esperarlo
todo, soportarlo todo» (1 Co 13,7); aceptar con humildad que se nos ha dado el
don de la vida y que no podemos jugar con ella ni con la de otro. Esto nos
lleva a asumir que: «Son dones del Señor la sabiduría, la inteligencia y
la sensatez, el amor y la buena conducta» (Ecl 11, 14-15).
exelente punto para la juventud de hoy
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