domingo, 13 de julio de 2014

¿Qué hacer para no enojarse tan fácilmente?





Diác. Jaime Zavala, msp/ Inquietud Nueva

En una ocasión, doña Josefina, un ama de casa, se dirigió a  su hermano don Jesús Pablo, obrero de una fábrica: «Es demasiado tarde, tienes que ir a tu trabajo, sólo te quedan diez minutos para que ingreses a tus labores».
Su hermano, con tono de voz pesado, replicó: «No me molestes por favor, además a ti qué te interesa». Pensó en que ya no llegaría a su trabajo. De pronto, don Jesús Pablo trató de enviar un mensaje a su patrón para pedir disculpas; no tenía saldo, y arrojó al piso el celular. Salió aprisa en busca de transporte, no había microbuses y los taxis iban ocupados. Además, hasta la cartera se le había olvidado, por lo que reaccionó de forma agresiva, insultando a medio mundo y golpeando y dando de patadas contra las cosas.

Estas trágicas escenas se observan constantemente en nuestros ambientes; ¡cuántos pierden la cabeza porque no se dan tiempo para reflexionar y todo se hace instintivamente! Falta el trabajo del razonamiento.

Hay muchos motivos por los que alguien se puede enojar. A veces la persona se enoja porque algo estaba planeado y no se llega a concretizar de la manera deseada. Surge entonces la desesperación por no saber reconocer los propios límites. Todos tenemos fallas, no somos los superhéroes, pero si debemos trabajar para superarlas. Cuando en lo económico no andan bien las cosas también suele haber enojo. Se tiene la presión de pagar agua, luz, colegiatura, predio… y no hay muchos recursos. Surge entonces una alteración nerviosa y después llega la ira. Al encontrar a la persona que nos ha causado mucho mal, nos ha calumniado o provocado humillaciones injustas… se reactivan los impulsos, provocándose el coraje, deseo de venganza y odio. Surge un envenenamiento del alma y en seguida la pérdida de sentido. Cuando se recibe una traición o una decepción, ante la perdida de un amigo, o al recibir resultados médicos positivos de males como la diabetes, el cáncer, el sida… llega como una especie de intranquilidad que pocos pueden soportar.

El enojo puede ser causado también, al ser corregido o reprendido por la mala conducta y, si no se tiene humildad suficiente, lo mas seguro es que se <<explote>> porque no se toleran las humillaciones y menos si éstas se hacen frente a otras personas. Finalmente, cuando alguien está vacío de valores humanos y espirituales, es fácil presa de sus vicios. Quien carece de una formación integral o ha sufrido desde su infancia maltratos físicos o morales, sabemos de antemano cómo va a reaccionar ante situaciones conflictivas. Y, ¿cómo controlar el enojo? Humanamente hablando hay qué hacer lo que recomiendan los especialistas: al llegar la furia hay que salir de aquel lugar, caminar un poco o practicar cualquier otro deporte. No hay que contestar nada a nadie, porque cada palabra puede ser dañina para los demás.

No se trata de «tragarse el coraje» y no decir nada, porque eso afecta a futuro. Más bien hay que dialogar en un momento adecuado, para así liberarse interiormente y buscar posibles soluciones. También ayuda desahogarse con alguien de confianza, pedir consejos a personas adecuadas y, sobre todo, aprender a pedir disculpas para no romper con amistades, y que no se pierda la buena imagen de la personas. En la parte espiritual, se recomienda orar desde lo más profundo de nuestro ser, ya que la oración es buscar la ayuda de Dios altísimo, y ÉL responde derramando paz en el corazón.

Si te enojas, que sea por no estar de acuerdo contra las injusticias en la sociedad, es decir, en señal de protesta; enójate porque no hay personas que anuncien el Evangelio. Y si tu enojo te lleva a alcanzar el amor de Dios en tu vida, habrás sabido aprovecharlo; porque amando desde Cristo todo es diferente.

No hay comentarios :

Publicar un comentario